lunes, 6 de abril de 2009

and from your lips she drew the Hallelujah



Esta tarde reviso fotos, algunas para borrar, otras para reír y algunas para guardar celosamente.
Buscaba tus fotos, nuestras fotos, y no encontré nada. Al parecer las borré cuando llegué a mi casa después de que falleciste en el hospital. Pensaba también que boté el book que te hice para tu cumpleaños, siempre me dará algo en la guata recordar como lloraste cuando te lo entregué. Y no me arrepiento, en ese momento DEBÍA botar tu imagen física a la basura para poder sobrevivir. Lo hice y me sentí orgullosa.
Si me hubiese quedado con eso, con tus fotos y tu cuerpo, probablemente ahora estaría muerta. Me pregunto muchas veces al día como sucedió tod
o esto. Como sigo en pie, viva. Y agradecida a veces. Como no terminé en un psiquiátrico realmente, algún día sabré.

Ya han pasado 7 meses y 13 días desde que no estás a mi lado.
Y a pesar de eso, sigo recapitulando horas que siguen difusas. Y no solamente sobre tu muerte. Recuerdos nuestros, felicidades, risas, peleas, viajes, besos, palabras. Se forma una historia bastante fuerte si mezclas las dos cosas.


Revivo el haber estado afuera de tu velorio, en el auto de mi mamá, con Carola abrazándome mientras yo le gritaba que eso no era lo que tu querías, que dios te resbalaba y que no era digno recordarte así, cual "buen cristiano" que siempre detestaste. Ahora encuentro estúpida mi reacción, tu velorio no era por ti, era por los que quedamos acá.



Tu dormías en el bus camino a Viña, el 22 de Julio a las 10 am, te acurrucaste en mi y te doblaste de manera graciosa para apoyar tu cabeza en mis piernas. Yo iba tejiendo tu bufanda y te despertaste porque cada cierto rato dejaba de tejer y la medía en tu cuello para imaginartela puesta. Me miraste adormilado y dijiste "Gracias, por estar conmigo, este va a ser el mejor cumpleaños de mi vida", me diste muchos besos en la mano y volviste a dormir acurrucado a mi cuerpo.



Desperté y estaba Carola acostada al lado mío. Miré a mi pared y tus fotos no estaban. Tus zapatos no estaban botados en el suelo y no había rastro del desorden que dejabas cuando te sacabas la ropa. Temí que no fuese un sueño. Carola se despertó mientras yo agarraba mi celular para llamarte. Me abrazó fuerte y me dijo "tranquilita amiga, duérmete...". Empecé a gritar y llegó mi mamá a abrazarme. Seguía gritando y ara
ñaba mi cara. Grito, grito y me sacaba mechones de pelo. Trataba de tomar mi celular y gritaba tu nombre. Preguntaba donde estabas y nadie me respondía. Gritaba mas fuerte y no había nada que pudiese callarme. Hasta que mi mamá me dijo "Oscar no está acá, y no va a volver". No era un sueño.


Tu pensaste que yo estaba dormida. Era de madrugada y estábamos acostados en mi cama. Me abrazaste y me quedé callada, pensé que estabas soñando y no quería interrumpirte. Besabas mi cuello y mis brazos como si fuese la última vez que ibas a verme. Empezaste a llorar y repetías que no sabrías que hacer si yo no estuviese. Me dí vuelta y te abracé, lloraste mucho rato. Hablamos hasta que amaneció y me contaste tus te
mores mas arraigados, tus experiencias mas crudas y el miedo que tenías de que yo te dejase por alguien mejor.


Día nublado, mis ojos apenas podían abrirse de lo hinchados que estaban. Mi pelo estaba mas desordenado que lo usual y mi mamá me vistió porque yo no supe como. Papá me hacía cariño en la cabeza y me abrazaba mientras mi mamá me tomaba la mano con cariño. Se me acercaba mucha gente y me decían "Lo siento mucho Barbarita, estoy contigo". Mi papá y Pancho me toman de un brazo cada uno. Caminamos por un pasillo y todos me miraban. Apenas podía mover mis pies y los miraba, estaban como dos pedazos de tela inerte. Mi viejo
me dice "camina despacito, tranquila, estoy a tu lado". Veía las caras destrozadas. La gente que murmuraba "esa es la polola de Oscar, pobrecita, mírala, parece una muñeca de trapo". Sigo caminando y cada pocos pequeños pasitos, freno y me dan ganas de arrancar. No, sigo. Los pasos torpes, la gente, los murmullos, mi hermano tiene pena y no sabe con que ojos mirarme para no ponerse a llorar. Cruzo el umbral de la puerta y me acerco al ataúd, tu ataúd.
Freno nuevamente. La irrealidad de toda la situación me sobrepasa, ya no siento piernas ni brazos. Me acerco al ataúd pensando en que siempre despierto en las peores partes de las pesadillas. Y estás tú. O al menos eso creo. No es tu tono de piel, tus ojos están entreabiertos y tu no me harías algo así. Incrédula, despacito me acerco m
as. Es tu boca, la reconocería en cualquier lado. Veo borroso por las lágrimas y en un acto irracional empiezo a hablarte jurando que logras escucharme. En tu último momento vivo pudiste mirarme y dijiste apenas "Perdón, te amo". Cuando tuve mis manos puestas sobre el vidrio que cubría tu cara, te respondí que te perdonaba, y que también te amaba.


- ¿Y, sabí como hacer macros?
- Pero claro, he tomado fotos la raja.

- Me enseñai?
- Dale, mira, vamos a practicar con estas flores. Cachai como acomodo el lente para enfocar, Oscar? Listo.
- Ohhh, te quedó la raja. Me toca a mi.




1 comentario:

Inger M. dijo...

:(... Qué triste, Bárbara...
Es lo que más me ha llegado en mucho tiempo.